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NOVENA DE NAVIDAD

Durante estos 9 días antes de la Navidad, les proponemos darse un tiempo para contemplar el pesebre y preparar nuestros corazones para recibir a Dios. Como familia carismática estamos viviendo un momento de gracia, con las nuevas determinaciones de la Congregación General XVIII donde se nos invita a “seguir de cerca a Jesús, que eligió para sí la pobreza”


Oración para comenzar: Primer día

Querido Dios Padre- Madre que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. Con humildad Señor te ofrecemos, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo, a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.

Así como María y la Madre Cándida escucharon a Dios en su tiempo, escucha hoy a Dios a través de las Palabras de nuestro Pastor el Papa Francisco”

“El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.”

(Haz silencio pensando en estas palabras del Papa Francisco)

Podemos hacer peticiones personales o comunitarias al Padre diciendo: Padre nuestro, escúchanos.

Terminamos rezando junto un Padre Nuestro.


Segundo día

Me pongo en tu presencia Señor, ante ti que te hiciste pequeño en el vientre de María, allí en ese vientre materno consagraste toda vida humana y lo hiciste ya una misión para el mundo.
Así como María, San José y Madre Cándida escucharon a Dios, escucho hoy a Dios en las palabras del Papa Francisco que nos dice:
El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium.

(Hago silencio, contemplando ese gran acontecimiento en la noche de Belén del Nacimiento de mi creador)

Miro a María quien con tanta cariño me hace presente a su Hijo que es Hijo de Dios y hermano nuestro.

Oración a la Virgen María

Queridísima María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.

(Hacemos algunas peticiones a María, a cada intención respondemos: María, madre nuestra, intercede por nosotros)

Terminamos rezando juntos: Dios te salve María


Tercer día

Me pongo en tu presencia Padre amoroso del pobre, que nos diste a tu Hijo que eligió para sí la pobreza. Ayúdame a contemplar este Belén y descubrir la belleza de la Pobreza de Jesucristo y cómo El nos enriquece en su pobreza, nos hace personas más libres, con menos necesidades, que cuida las relaciones con los demás y con la creación.

Así como María, San José y Madre Cándida escucharon a Dios en su tiempo, escucho también a Dios a través de las palabras del Papa Francisco que nos comparte:

El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41). Un simbolismo que ya san Agustín, junto con otros Padres, había captado cuando escribía: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (Serm. 189,4). En realidad, el belén contiene diversos misterios de la vida de Jesús y nos los hace sentir cercanos a nuestra vida cotidiana.
Hago silencio para reflexionar estas palabras, dejarme impactar por ese hecho real de que Jesús el Hijo de Dios estuvo allí en ese lugar donde los animales duermen y comen, miro, escucho lo que hablan, veo al niño entre los animales y todo lo que significa estar allí.

Podemos compartir, qué es lo que me imagino y que hace sentir.

Hacemos nuestras peticiones a Dios por medio de su Hijo. A cada intención decimos. Jesús escuchas nuestra oración.

Oración al niño Dios

Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro Padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro Hermano.

Te pedimos, Señor, que sepamos descubrirte hoy naciendo en nuestras vidas en medio de nuestras pobrezas personales, familiares y comunitarias. Que sepamos descubrirte naciendo en medio de los pobres. Que al mirarte tan pobre y tan pequeño, yo me contagie de esas virtudes. Amen.


Cuarto día

Me pongo en tu presencia Señor, en el nombre del padre y del Hijo y del Espíritu Santo. En este cuarto día de la novena te contemplo Señor en el pesebre. Todos los que están a tu lado tienen su mirada puesta en ti. Me hago presente allí. Te miro Señor, pobre y humilde, lleno de ternura. Tu eres mi Dios y me Señor. Te adoro y te bendigo.

Gracias Jesús por venir a mi casa. Quédate con nosotros y reina en nuestros corazones.

Hago silencio para escucha esta reflexión del Papa Francisco:

¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida.
En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado.

Contemplando a Jesús me pregunto: ¿En qué acontecimientos de mi vida, siento esa ternura de Dios para mí? ¿En qué circunstancias de mi vida manifiesto ternura? ¿Cómo me siento viviendo desde la ternura?

Me dejo invadir por la ternura de ese niño de Belén, por la ternura de Jesús. Considero cómo el Creador del universo se abaja a nuestra pequeñez. Me dejo tocar por esa ternura. Que la ternura de Jesús toque aquellas dimensiones de mi persona que más necesite de esta ternura de Jesús Niño. Que su ternura llegue a mi cabeza, a mi corazón, a mis entrañas y cambie mi modos de pensar, de sentir, de obrar, que pueda tener pensamientos más evangélicos, sentimientos y entrañas más desde Dios.
Cuando la ternura se hace fuerte en mí es que el Reino de Dios está presente en mí. Agradezco por eso al Señor.

Termino mi oración, con esta oración a San José:

Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo de Jesús, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.

Padre Nuestro… Ave María y Gloria.


Quinto día

Nos ponemos en tu presencia Señor. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Estamos aquí en un nuevo día de la novena, sintiéndonos familia- cuerpo con todos los que acogemos la espiritualidad de Madre Cándida María de Jesús.

Queremos seguir de cerca a Jesús que eligió para sí la pobreza. Padre Santo, ayúdanos a contemplar a tu Hijo que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.

En la mitad del camino me hago esta pregunta: ¿Cómo estoy viviendo esta preparación para celebrar la navidad? ¿Estoy dando un tiempo para el encuentro con el Señor?

Como la virgen María y Santa Cándida, hago silencio ara escuchar el mensaje de Dios en la Palabras del Papa Francisco.
El pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados (cf. Mt 25,31-46).

Me gustaría ahora repasar los diversos signos del belén para comprender el significado que llevan consigo. En primer lugar, representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia:
¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre.
Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79).

Trato de responderme brevemente a esas preguntas que hace el Papa Francisco… (Voy leyendo cada pregunta y lo pienso en mi interior)
Si queremos podemos compartir algunas respuestas que junto al Señor me fui dando.

Pedimos a María que interceda por nosotros para que sepamos colocar junto al pesebre nuestras noches oscuras, las preguntas sin respuestas que tenemos y que María nos ayude a dejar que el Niño Jesús nos dé respuestas a esas preguntas (silencio)

Dios te Salve María…


Sexto día

Puestos Señor en tu presencia, me pongo en tus manos. En el nombre del Padre y del Hijo…
Padre queremos seguir de cerca a Jesucristo que eligió para sí la pobreza, respetando todo lo que nos rodea, agradeciendo los dones que recibimos de tus manos en la creación y la vida humana.

Hago silencio para poder escuchar a Dios a través del Papa Francisco que sigue comentando sobre los signos que aparecen en el pesebre.
Merecen también alguna mención los paisajes que forman parte del belén….

¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor.

Imaginemos esa noche de Belen, la noche estrellada, el silencio, los animales que estaban en el pesebre. Imaginemos qué más podemos observar…

Imaginemos también cómo está hoy nuestro planeta.

Una de las llamadas que se nos hace la Congregación General XVIII dice así: “Somos responsable del deterioro del mundo. Hemos de comprometernos desde todos los ámbitos de nuestra misión, a proteger la casa común y a vivir una ecología integral en comunión con toda la creación”.

En este momento vamos a pedir al Señor la gracias de saber cuidar a nuestro planeta, que sepamos cuidar las fuentes de agua viva, los bosques, los animales… que sepamos proteger la casa común, para combatir la pobreza y restaurar la dignidad de los excluidos.
Ponemos en común nuestras intenciones, pidamos por países, en guerra, lugares donde se van destruyendo y necesitan ser reconstruidas.

Terminamos rezando juntos

Oración por nuestra tierra

Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz,
para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie.
Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción. Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz. Amen ( Papa Francisco)


Séptimo día

En tu presencia Señor estamos aquí, padre Hijo y Espíritu Santo.
Padre bueno, te has revelado por medio de la encarnación de tu propio Hijo y lo hace en debilidad y pobreza como lo contemplamos en el pesebre.

Padre queremos seguir de cerca a Jesucristo que eligió para sí la pobreza.
Seguimos contemplando hoy los signos del pesebre. Colocamos nuestra mirada en los pastores. El Papa Francisco nos recuerda:

«Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (Lc 2,15), así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro.
Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza, y resplandece de una manera particular en el pesebre.

Esos pastores podría ser yo, si soy capaz de hacer silencio en esta Navidad para escuchar la voz de los ángeles que me anuncian el nacimiento del Salvador.

En qué momento de mi vida he sido como estos pastores, pienso en qué momento supe acoger el acontecimiento de la encarnación. La encarnación habla de pobreza, de sencillez, de debilidad, de pequeñez. ¿Cuándo acogí en mi vida estas situaciones?

Muchas veces Dios viene hasta mí a través de los pastores. ¿Quiénes son pastores en mi vida?
Esas personas que me anuncian al Salvador. Pienso en ellas y pongo sus nombres junto al Pesebre.

Terminamos cantando el canto: Vamos pastorcitos.


Octavo día

Padre bueno, nos envías a tu Hijo único que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, enséñame a descubrir la riqueza que me trae Jesús en esta Navidad.

Seguimos meditando sobre los signo de Belen. Con un corazón abierto escuchamos las palabras del Papa Francisco.

Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros.

Los pobres y los sencillos en el Nacimiento recuerdan que Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía. Jesús, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), nació pobre, llevó una vida sencilla para enseñarnos a comprender lo esencial y a vivir de ello. Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado.

Con frecuencia a los niños —¡pero también a los adultos!— les encanta añadir otras figuras al belén que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos. Y, sin embargo, esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura. Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan…, todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.

Tenemos presente en este día a todos nuestros hermanos excluidos de la sociedad, aquellos que nos son atendidos, escuchados o valorados. También a las personas que cotidianamente, mi familia, mis vecinos a los que vemos en nuestro barrio.

Le pedimos a Jesús que nos enseñe a tener un corazón solidario, inclusivo. Que sepamos ensanchar nuestras tiendas. Que sepamos ensanchar el corazón para que haya lugar para todos. Que Jesús nos ayude a saber perdonar, acoger, enaltecer a los que nos rodea.

Terminamos la oración con un Padre Nuestro.


Para finalizar la Novena, compartimos fotos de todas las Familias que recibieron a las Hermanas Nina y Luna durante estos nueve días. Llevaron al Niño Jesús a los hogares para rezar junto a las Familias.

Nochebuena

Puestos en tu presencia Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Te alabamos y bendecimos por esta gran noche en que naces y vienes a nuestra casa.

¡Que venga tu reino Señor! ¡Ven Señor Jesús quédate en mi casa!

(Estas Palabras del Papa, lo podemos ir leyendo pausadamente, sintiendo y gustando )

El belén nos lleva a la gruta, donde encontramos las figuras de María y de José. María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total.
Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5).
Junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está san José. Por lo general, se representa con el bastón en la mano y, a veces, también sosteniendo una lámpara. San José juega un papel muy importante en la vida de Jesús y de María. Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia.
Cuando Dios le advirtió de la amenaza de Herodes, no dudó en ponerse en camino y emigrar a Egipto (cf. Mt 2,13-15). Y una vez pasado el peligro, trajo a la familia de vuelta a Nazaret, donde fue el primer educador de Jesús niño y adolescente. José llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica.

El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos.

El nacimiento de un niño suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida. Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido, entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño Jesús, percibían la presencia de Dios en sus vidas.

Entreguemos a esta Sagrada Familia, nuestras vidas, nuestros proyectos, el nuevo año que pronto comenzaremos. Entreguemos al Señor todo y dejemos que el nos llene de vida.

Somos llamados a abrazar la pobreza de Cristo, nuestro mayor riqueza. La Madre Cándida nos ha enseñado con su vida que la última razón de la elección de la pobreza y de los pobres radica en Jesucristo.

Cantemos: Noche de Paz, noche de amor.
¡¡CELEBREMOS LA NAVIDAD!!

Les deseamos muchas felicidades y que podamos tener una Feliz y Santa Navidad.

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